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MARCEL MARCEAU Adios al maestro... Profundamente consternados por la dolorosa noticia, queremos testimoniar nuestro agradecimiento a los innumerables amigos que, felizmente tenemos en el mundo, y que nos honran con su amistad incondicional, que nos han llamado para solidarizarse en este momento de honda tristeza. Fueron más de quince años de amistad sincera, basada en el respeto y la admiración. Cuantos kilómetros juntos amigo mío, cuantas cenas disfrutando de tu sabio verbo e infinita sapiencia, cuantos teatros… Aprendimos mucho a tu lado, y nos diste la lección más acabada de fidelidad humana y profesional. Te extrañaremos siempre querido Marcel. Que Dios te tenga en su gloria. Ana, Mariana, Gabriela y Percy Llanos "El silencio no tiene limites,
2005 MARCEL MARCEAU A sus años, Marcel Marceau continúa llevando sus “Pantomimas de Estilo y de BIP” a los mayores y mejores teatros del mundo. “BIP”, su personaje principal, nació en el año 1947 en el Teatro Poche de París y desde ese momento no ha dejado de emocionar a todos los que hayan visto de cerca su rostro blanco, sus pantalones negros y anchos al final de la pierna y su manera de entregar una flor como quien agradece una presencia. “BIP está totalmente inspirado en el Charlotte de Chaplin”, afirma Marceau, recordando con admiración cuando tenía 12 años y se quedaba fascinado con los andares de aquel “personaje del bastón” que sonreía con el bigote y lloraba con la mirada. “Lo mejor de Marcel Marceau” es un espectáculo en dos partes de dos horas de duración. La primera parte es una selección de sus “Pantomimas de Estilo”, que son cuadros breves que cuentan una historia de principio a fin. Dentro de estas unidades completas podemos encontrar “El pajarero”, “Las manos”, “La máscara”, “Adolescencia, madurez, vejez y muerte”, “El jardín Público” y “El Tribunal”. La segunda parte del espectáculo es una selección de las mejores historias del personaje estrella de Marcel Marceau, BIP. Cuadros breves que presentan diferentes situaciones de BIP, como por ejemplo “BIP en la agencia matri monial”, “BIP vendedor de porcelana”, “BIP domador de leones en el circo”, “BIP heladero en la plaza”, etc. Para Marcel Marceau la expresión gestual a través de un cuerpo, que se comunica desde su individualidad con el todo, es el medio más efectivo para manifestar sus sentimientos. “He consagrado mi vida a crear mi propio estilo, inventando una gramática y un lenguaje propio del mimo, que lo liberara de su dependencia del teatro de la palabra. Si las palabras crean una imagen en nuestra mente, nuestro cuerpo tiene que recrear después esa imagen.” Lo más importante a destacar es que la brillante y larga carrera de Marcel Marceau no parece tener un final. El tiempo le trata con cariño porque él mismo está negado a envejecer: “pese a mi edad sigo amando la vida intensamente. Tengo muchos y grandes planes. Ese es mi secreto. El futuro sólo puede existir sobre el legado de los mayores.” Por este motivo, Marcel Marceau ha sido nombrado Embajador de Buena Voluntad de Naciones Unidas para la Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento.
Ovación en Cuba a Marcel Marceau, el "Chaplin" francés de las tablas LA HABANA, Set 13 (AFP) - De pie, con un delirante aplauso, "bravos" y flores, el público del Gran Teatro de La Habana aclamó al célebre mimo francés Marcel Marceau, el "Charles Chaplin" de las tablas, en la primera visita que realiza a Cuba, de gira por América Latina. A sus 82 años, el mejor mimo del mundo lució su excelencia la noche del lunes en el único espectáculo que brindó en su visita a la isla, ante unas 1.000 personas que colmaron la Sala García Lorca de este teatro estilo ecléctico, inaugurado en 1838. Dos joyas brillaron en la velada. Desde el balcón principal del teatro disfrutó del espectáculo una de las figuras más relevantes de la danza mundial y venerada en Cuba, Alicia Alonso, llamada la 'prima ballerina assoluta'. "El público estaba maravillado... estaba como loco", le expresó emocionada Alonso, quien llegó a saludarlo tras bambalinas, apenas concluido el espectáculo. De 84 años, Alonso, directora del Ballet Nacional de Cuba, se fundió con él en un abrazo: "Yo tengo años de querer que usted venga y que nuestro pueblo pudiera gozar de su arte", le dijo. "Y yo estoy feliz de venir a Cuba y actuar aquí", le respondió el artista francés. "Ustedes tienen un genio en la danza. Estoy muy emocionado", dijo al referirse a ella. Su presentación estuvo dividida en dos partes, en la primera un segmento con una selección de sus "Pantomimas de estilo" tituladas "La creación del mundo", "El jardín público", "Los burócratas, "El Tribunal", "Las manos", "Adolescencia, madurez, vejez y muerte". El más aplaudido fue "Los burócratas". "Así mismo es", dijo una joven de 24 años que se encontraba en el público. "Todos nos sentimos identificados porque hemos sufrido del burocratismo: del 'pone-sellos', del que lo envía a uno de aquí pa'lla", comentó a la AFP. En la segunda parte actuó el más esperado, "Bip", el mítico personaje que creó Marceau en 1947, con las pantomimas "Bip domador", "Bip en el mar", "Bip músico callejero" y su espectacular "El fabricante de máscaras". Bip es el hombre de la calle, el niño que juega con una pelota, la novia que deshoja la margarita. "Mi arte es un testimonio de mi época. El silencio no existe para mí. El silencio transforma lo visible y lo invisible, y eso viene del arte", explicó. Recuerda en la conversación con la AFP que en su primera visita a Nueva York en 1955 la prensa americana alabó así su arte: "Marcel Marceau es en las tablas lo que Charlie Chaplin es en el cine". Nacido en 1923 en Estrasburgo (Francia), Marceau aseguró en entrevista con la AFP que no piensa en el retiro, desmintiendo que la gira que realiza por América Latina sea la del adiós. Antes de continuar su gira por América Latina, Marceau ofreció este martes una clase magistral dirigida a mimos, coreógrafos, bailarines y estudiantes de arte en la misma Sala García Lorca. Previo a partir dejó su clave para hacer lo que hace con la misma vivacidad de siempre: "Yo me inspiro en la vida, y en la vida hay bien y hay mal. Lo único que no cambia es la muerte... y el mal. Me siento joven. ¿el secreto? amar la vida intensamente". 2005 MARCEL MARCEAU (Francia) Canarias7 – Lunes 15 de Agosto de 2005 Las Palmas de Gran Canaria Las caras de la luna Crítica por: Nadia Jiménez Castro Lo mejor de Marcel Marceau Sus manos parecieron crecer en cuestión de segundos, con vida propia y casi separada del ser, pero ligada siempre a un latido mayor que el de cualquier corazón, pues es el de muchos juntos, aunque se esconda tras el rostro universal de Marceau, que es casi como decir el de la Luna, que sonríe cada noche sabiendo que tiene aún otra cara más por mostrar antes del alba ..., la de la pantomima. Ese Arte acariciado por el «mimo» de los sentimientos, capaz de hacer grande sobre el escenario la diminuta figura de Marceau y callar a todos cuantos respiran al ritmo de su silencio danzado a solas. Marcel Marceau ofreció lo mejor de sí mismo (tal y como reza el título del show), su esencia, única pero diversa, porque juega con el Mundo que se desliza entre sus ágiles dedos para crearlo y para regalarlo, llenando de matices y sutiles pensamientos un escenario que parecía vacío. Son sus «Pantomimas de estilo», que lo llevan de un parque público a un tribunal, que lo marean por los vericuetos de la burocracia y lo balancean entre el bien el mal en un «mano a mano», pero siempre leve, medido, cimbreante de tantas palabras sordas cuyo eco todavía resuena desde sus pasos cortos. La delicadeza de sus andares narrados invita a pasear agarrados del brazo de su ironía, pues ilustra como nadie la vida callada de todos, desde el humor y la crítica. Marceau dejó salir también a Bip, ese contestatario errante y trotamundos de clavel rojo en la chistera que creara hace ya medio siglo, de edad indefinida y corazón eternamente joven, domador de leones que rugen de puro humor o vendedor de porcelanas que nunca se rompen al caer, niñero paciente de pequeños diablillos con pelotas por armas y «Fabricante» en mayúsculas de las únicas máscaras que debieran existir ... Las de la risa y el llanto de un sueño, el de una noche de verano con Marcel Marceau. ¡Bravo! MARCEL MARCEAU (Francia) La Nación – 6 de abril de 2005 Buenos Aires Marcel Marceau y su paso por Argentina El Colón aclamó al genial mimo Por primera vez, el gran Marcel Marceau se presentó en el Teatro Colón ante un público que lo terminó ovacionando durante largos minutos. Un público que al finalizar la supuesta función de gala dejó al margen cierto formalismo para culminar coreando un "olé, olé", cántico más familiar en el mundillo del deporte o del rock que de una noche de lujo como la que se vivió anteayer en el Colón. MARCEL MARCEAU (Francia) 2004
MAYO 2004
MARZO 2004
2003 El 10 de Septiembre de 2003 El 10 de Septiembre de 2003, gran mimo francés, recibió dos "Lunas" en el Auditorio Nacional de México. La "Luna" es el máximo galardón que anualmente otorga el Auditorio Nacional de México a los artistas y espectáculos que se presentan en su prestigioso escenario. El jurado calificador decidió entregar dos testi monios a nuestro exclusivo artista. Uno, por su brillante trayectoria, de más de 50 años de actuaciones ininterrumpidas en el mundo del teatro; y el segundo, por el mejor espectáculo presentado en el Auditorio Nacional en el año 2002. México D.F. - Viernes, 12 de septiembre de 2003 El mimo francés se declaró luchador por la paz; recibió galardón por espectáculo alternativo. El arte de Marcel Marceau engalanó la entrega de las Lunas del Auditorio. Reconocimiento a Celia Cruz, de los momentos más emotivos. Por ARTURO CRUZ BARCENAS A sus 80 años, el mejor del siglo XX en su arte, expresó que su lucha no ha sido contra el tiempo, sino para contribuir a la paz. "El arte no ha cambiado al mundo; siempre han existido el bien y el mal; hay guerras por todos lados, en Africa, en Medio Oriente. ¿Ustedes creen que los artistas no sufrimos por eso? Por eso los mimos debemos luchar por la paz, aunque no somos ángeles". Sus ojos, expresividad brillante, marcaban cada frase. Sus manos remataban cada idea, a veces uniendo las yemas del índice y el pulgar. "Soy totalmente humanista, alguien que lucha contra la violencia. Lo que más me ha impactado es la vida y la muerte de un ser humano; cuando fui adolescente maduré viendo la muerte de gente en la Segunda Guerra Mundial. A los 20 años formaba parte del ejército francés que luchaba contra el nazismo alemán, y ahora soy un ciudadano humanista, sin raza, sin nacionalidad." Marceau recibió la Luna en el área de espectáculo alternativo. Con el fondo del escenario en negro, el genio del silencio presentó su rutina El músico callejero, que hizo imaginar lo difícil que es ganarse la vida tocando un violín en una acera. El fabricante de máscaras, una de sus obras maestras, hizo reír, sorprenderse, ante la habilidad para cambiar la expresión facial. (…) México, 12 Septiembre 2003. Las Lunas iluminan el Auditorio Por Gamaliel Luna El mimo francés Marcel Marceau y Roberto Gómez Bolaños son ovacionados de pie, en la segunda entrega de Las Lunas Lunas llenas y eclipses tuvo el cielo en la segunda entrega de las Lunas del Auditorio, en las que el mimo francés Marcel Marceau y Roberto Gómez Bolaños fueron los únicos que el público ovacionó de pie. 2002 Parece cosa de Ripley, pero en sus cincuenta y cinco años de actividad permanente en los teatros del mundo, nunca había realizado una temporada en Madrid. Siempre fueron visitas de uno o dos días, en la capital española. Esta vez sí Marcel Marceau, el genial mimo francés tuvo la ocasión de hacer temporada en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid, desde el 7 de Mayo de 2002, con su espectáculo "Lo Mejor de Marcel Marceau", una antología de sus mejores trabajos de pantomimas de estilo y de BIP su ya célebre personaje. Y es una productora venezolana Contemporánea Producción Artística, que lideran Ana y Percy Llanos, la que está produciendo dicha temporada. Es pues motivo de legítimo orgullo. Madrid, Mayo 2002 MARCEL MARCEAU … La palabra miente Por JAVIER VILLAN MADRID. No es verdad que en el principio, como dice la Biblia, fuera el verbo, o sea, la palabra. En principio, fue el gesto. O sea, Marcel Marceau. Marcel Marceau es el silencio clamoroso. La palabra miente; la palabra tiene una inmensa tendencia a desfigurar y enmascarar las cosas. La palabra es, con frecuencia, la retórica civilizada del engaño. Una palabra puede decir una cosa y su contraria. Pero el gesto no; el gesto es la esencia, la verdad última y primera. Entendemos la fuerza expresiva de la máscara, la cara blanca del payaso, porque ahí no hay retórica ni gestualidad ornamental: hay silencio, gesto puro. Lo de menos en Marcel Marceau es la capacidad de mímesis. Lo que importa es la naturalidad primigenia para transmitir sensaciones lejos de toda parafernalia actoral o representativa. Marcel Marceau roza la genialidad no por sus dotes de actor imitador, sino por su potencia esencial de despojamiento. Si Marceau fuera sólo imitación, su virtuosismo no pasaría del nivel humano de los elegidos; mas el lenguaje del silencio es su verdadera naturaleza comunicativa y eso es cosa de los dioses. El transformismo facial y corporal es puramente anecdótico. O técnico. Lo esencial es que tiene en su mano el poder de un dios creador que parte de la nada. Pararse a analizar los distintos números del espectáculo sería una frivolidad. El domador, por ejemplo, no es un personaje de circo; es la melancolía y la ternura del fracaso; en El músico callejero no están las insuficiencias de un mal músico, sino la tristeza de la fatalidad. Por eso el último número de este reencuentro con la esencia del teatro y del hombre, El fabricante de máscaras, resume toda la grandeza de esta función: el hombre inventa máscaras, pero no puede arrancarse la propia, la más auténtica, la que da sentido a su existencia. Madrid, Jueves 9 de Mayo de 2002 MARCEL MARCEAU : ANTOLOGÍA DE UN POETA SIN PALABRAS Por PEDRO MANUEL VÍLLORA Si el teatro es rito, este espectáculo tiene algo de sagrado. Marceau tiene 79 años y lleva más de medio siglo destilando rigor y maestría. Eso exige un respeto, porque una posición como la suya no se consigue por casualidad, y mucho menos se mantiene a lo largo de tantos años. Sólo un talante cicatero podría argüir que quizá ya no esté en su momento de mayor esplendor; evidentemente no es un hombre joven, pero tiene algo mejor que fuerza juvenil: tiene experiencia, clase, distinción... Tiene sabiduría, y ese es un don tan raro que no conviene desdeñar su magisterio y su presencia: al fin y al cabo, ningún genio se queda entre nosotros para siempre. En la primera parte, el artista ofrece una selección de "Pantomimas de estilo". Se trata de escenas donde lo importante no es el relato, sino la representación de tipos, de estilos, en torno a un asunto común. Es el caso de los diferentes caracteres que pueden encontrarse en un jardín -un cura leyendo, una señora paseando el cochecito de su niño, un vendedor de globos...- o en un tribunal -el reo, el juez, el fiscal...-, para mostrar los cuales Marceau condiciona el punto de vista del posible espectador de cada entorno. La segunda parte se dedica a las "Pantomimas de Bip", en las que Marceau interpreta a su célebre personaje -una especie de heredero de Pierrot pasado por Charlot- en diferentes historias con desarrollo propio: un músico callejero interrumpido por una banda, un domador, Bip en una agencia matri monial... Concluye la representación con un extraordinario ejemplo de mímica facial, cuando se convierte en un fabricante de máscaras que se prueba distintos modelos hasta angustiarse -nótese el contrapunto- cuando no puede desprenderse de una máscara de la risa. "Lo mejor de Marcel Marceau" es mucho; lo peor, al menos el día del estreno, fue el público, que seguía accediendo al patio de butacas cincuenta minutos después de la hora prevista para el inicio, lo cual no es sólo una falta de respeto hacia el artista, sino también hacia el resto de espectadores. Asimismo, el olvido en apagar los teléfonos móviles volvió a producirse: siempre es molesto, pero más aún en un espectáculo sin apenas sonido, en el que hasta el zumbido de la función vibrador es perturbador. Madrid, Viernes 10 de mayo de 2002 MARCEAU… EL ALFARERO DEL SILENCIO Por Juan Antonio VIZCAÍNO Marceau es una leyenda viva del teatro. Resulta casi milagroso poder seguir disfrutando de la perfección de su arte en un nuevo milenio, cuando Lecoq, Décroux o Barrault fallecieron ya en otro siglo. Ver actuar a Marceau no sólo es un acontecimiento por el talento que derrama el virtuoso mimo francés por todos los rincones del teatro, sino porque encarna en sí mismo a la más brillante generación de artistas teatrales de la historia francesa. Copeau, Dullin, Jouvet o hasta el mimo Gaspard Deburau (el inventor del personaje de Pierrot en el París de 1870), siguen respirando vivos a través del frágil y menudo cuerpo de Marceau. La ternura, el humor y el virtuosismo son los protagonistas de esta serie de "Pantomimas de estilo" y "Pantomimas de Bip" reunidas en este espectáculo. La compañía de Marceau es también ejemplar: el vestuario, la iluminación y los dos excelentes mimos Biro y Neander, que presentan con rótulos (como en el cine mudo) el título de las pantomimas, son grandes artistas que concentran en sus breves intervenciones la deslumbrante belleza de la teatralidad. Ver en vivo el arte de Marceau es un acontecimiento histórico para el público madrileño. Su teatro es un clásico vitalmente preservado que está por encima de modas y tendencias. La poesía, la ternura, la ironía y una pizca de acidez crítica hicieron reír, emocionarse o tragar saliva a los numerosos espectadores que abarrotaban el coliseo, que estalló al final en una larga salva de aplausos, con los que arropó el arte de sílfide blanco del mimo por excelencia: Marcel Marceau. Buenos Aires, Mayo 2000 LA CEREMONIA DEL ADIOS Por OLGA COSENTINO Más de 1.200 personas se mantuvieron en silenciosa concentración, sin toser ni moverse en sus butacas, durante las casi dos horas y media de un espectáculo en el que no se dijo una palabra. Anunciado como la despedida del artista de los escenarios argentinos, Lo mejor de Marcel Marceau reunió varios clásicos del hombre que dedicó 54 años de su vida a perfeccionar la gramática de los gestos. En la sala Martín Coronado del Teatro San Martín, el programa del sábado, en sus dos únicas presentaciones, se inició con Los siete pecados capitales, sucesión de otros tantos sketches donde, con sus transitados recursos —a esta altura de una casi inmaterial sencillez expresiva— desarrolló el concepto que, a manera de título, anunciaban las banderolas sostenidas por dos mimos auxiliares (Gyongi Biró y Alexander Neander). Las situaciones resultan hoy algo elementales en cuanto ilustraciones de los pecados, teniendo en cuenta la complejidad y las contradicciones que, en el último siglo, han sufrido esas categorías morales. Y en algún caso —como en "La avaricia"— la secuencia propuso una idea por lo menos envejecida: el pordiosero es, en realidad, un opulento ricachón que acaricia a escondidas la fortuna obtenida de la mendicidad (?). Es innegable que la pantomima, un arte que Marceau empezó a cultivar en 1946, en la legendaria compañía de Jean Louis Barrault y Madeleine Renaud, y que desarrolló por más de medio siglo, es hoy un recurso que muchos creadores integran a otros lenguajes renovando su eficacia teatral. Como si el mimo, ese lenguaje del silencio que en la escena occidental del siglo XX lleva la legítima patente de Marceau, hubiese tocado ya su cielo y su límite. No obstante, el cierre de la primera parte fue un momento de singular lirismo con El fabricante de máscaras. Un supuesto artesano elabora y se calza sucesivas máscaras a la vez que adopta el comportamiento que le asigna el gesto de cada una. Las connotaciones filosóficas que dispara ese juego entre persona y personaje o entre esencia y apariencia tienen un final fuertemente emotivo: la última imagen es la risa del payaso, que una vez adoptada ya no es posible quitársela. La tensión entre opuestos que genera la cara que ríe sobre un cuerpo que envejece y muere es la más poética referencia al destino del cómico. Con Bip recuerda, acaso la más legendaria de sus composiciones, Marceau selló su despedida. La recopilación de imágenes de su propia biografía, entre las que se mezclan las de la infancia (montado en un caballo de calesita), las del amor, las de la paternidad y hasta las de la Segunda Guerra Mundial y la Resistencia Francesa (en las que participó), funcionó como una suerte de balance o testamento artístico y llevó a su punto más alto la vibración dramática del espectáculo. Córdoba, Argentina, Martes 9 de mayo de 2000 MARCEL MARCEAU … EL ALQUIMISTA DEL SILENCIO Por Gabriela Vidal El mundo tendría los días contados sin ellos. Esa es la sensación que envuelve a los espectadores frente al mimo. Bip cae, las balas lo alcanzan y cae. El corazón tiembla. Y vuelve a la vida. Si no volviera, a la especie humana le quedarían menos horas, menos años de su alocada eternidad. Si los artistas no estuvieran sobre la faz de la tierra, resulta imposible explicar la vida después de los campos de concentración (los del pasado, los que están y probablemente o desgraciadamente los que estarán de éste y del otro lado del Atlántico). ¿Cómo es que sobrevivimos a la barbarie? Sin caer en la soberbia de esbozar una explicación absoluta e impulsados por la simple emoción, la respuesta es que pese al odio, todavía hay demasiada belleza en el alma de los artistas. Marcel Marceau, dignísimo miembro de esa camada de hombres libres, es uno de los "indispensables" a la hora de explicar la esperanza como elemento de la razón. No la esperanza como instinto, sino como un compendio de razones que permitan seguir creyendo. Tan "indispensable" como lo fue, lo es y lo será Charles Chaplin. Ellos, pertenecientes a esa legión de artistas íntegros que a diferencia de los bufones de la corte han sabido permanecer al margen del entretenimiento complaciente. Nosotros, partícipes de esa cere monia que es la celebración de la vida. Marcel Marceau llegó a Córdoba de la mano de la Universidad Siglo 21 y con el auspicio de la Agencia Córdoba Cultura y otras entidades. Fue un domingo en el Teatro del Libertador San Martín. Inolvidable. El mimo francés montó Los siete pecados capitales, traducido al lenguaje del silencio, y Pantomimas de Bip, su memorable personaje. Además, volvió sobre el clásico Fabricante de máscaras. Marceau no tuvo piedad, aunque sí mucho humor, a la hora de encarnar al hombre moderno frente a las tentaciones habituales. "La pereza, un día muy ocupado", fue la primera punta de una larga madeja de actos vergonzosos que nos representan como especie. "La lujuria, el pintor y su modelo"; "La envidia, el maestro escultor y su alumno", este último, simplemente, increíble. Pero el mejor, sin dudas, el que más nos horroriza por lo cercano, por lo tan típicamente nuestro, es el de "La gula", subtitulada: "Una cena de beneficencia". Allí estaba el mimo, descarnado, inmenso porque todo lo invisible ya había cobrado vida, interpretando lo más indeseable de nuestro mundo: la falta de justicia. Nos conformamos con la caridad; dar el pan mientras se come el banquete, representa Marceau. La avaricia (un pobre mendigo ciego), el orgullo (el general juega ajedrez con su sirviente) y la cólera (un tranquilo chofer de domingo) completan el cuadro. Silencio. Marceau está haciendo magia. De repente es el señor de las máscaras y sensibiliza enormemente su capacidad de conversión. Viéndolo en escena, uno entiende que todo puede ser transformado: el hombre, el espacio, la vida, el mundo. Marceau sonríe y llora al mismo tiempo. Su rostro denota felicidad, pero su cuerpo agoniza. Maneja ritmo musical, ritmo corporal y hasta el ritmo de nuestros corazones. Luego, vendría Bip, esa criatura símbolo, "ese grito contra el genocidio, grito de esperanza", como lo definiera su creador. Bip domador y Bip y la agencia matri monial fueron desopilantes. La ternura invadió el coliseo de esta ciudad y ya no hubo espacio para otra cosa. Sobre el final, Bip recuerda. Marceau vuelve sobre los años de la guerra. Apoyado en una estética cinematográfica, el mimo corre como queriendo retener el tiempo. La memoria. Marceau nos exige el ejercicio de la memoria. Marceau nos implora que no olvidemos, como única condición a cambio de tanta entrega. Gira Latinoamericana 2000
Caracas, 1999 MIMO SE ESCRIBE CON LA "M" DE MARCEAU Doble retorno del mimo eterno. En el 99 veremos "LE CHAPEAU MELON" su obra cumbre. Su legado artístico. Arquetipo de los sueños y desencantos del hombre a través de su ya inmortal BIP, su personaje cimero, el genial mimo francés ha hecho del silencio su verbo más elocuente, para rasgar gestualmente los pliegues que ocultan la esencia de la sensibilidad de sus pares. De longeva trayectoria creativa, el venerable Maestro parece poseer en su espíritu el don de la juventud eterna, facultad que emana del amor incandescente que profesa por el oficio en el que habita la suprema razón de su existencia. "El mimo me permitió hacer dinero y así tener una escuela para transmitir lo que sé a los jóvenes", dice haciendo alusión a su Escuela Internacional de Mimodrama que funciona en Francia. Su experiencia está siendo plasmada en una autobiografía. "Estoy escribiendo un libro de mi vida y de lo que es mi enseñanza. Y de cómo la pintura me ayudó a desarrollar mi arte. La pantomima me permite crear fábulas de la vida donde se cuentan pequeñas historias y detrás de cada historia hay una moraleja, que permite ejercer una toma de conciencia. Gracias a ella puedo ser Dios, un pez, una tempestad, un símbolo..." A los 75 años de edad ha escrito lo que, a juicio de los críticos franceses, es su legado artístico a la posteridad, su obra cumbre "LE CHAPEAU MELON", con la que obtiene reconocimiento unánime y mundial. Marceau escribió el guión, actúa y dirige a catorce mimos de su Escuela de Mimodrama. Con esta obra se presentará en el Teatro Teresa Carreño del 20 al 25 de Abril de 1999. LE CHAPEAU MELON (EL SOMBRERO BOMBÍN) Carlitos, su señero e inmortal personaje, fue un vagabundo que mantuvo bien en alto su dignidad, al igual que Jonathan Bowler, el protagonista de "Le Chapeau Melon", funcionario del Ministerio de Hacienda que se enamora de la cajera de un pub, que por las convenciones debe usar el sombrero bombín, aunque lo deteste y prefiera cambiarlo por el sombrero de Rodolfo Valentino, el gran seductor de la época. Pero... el sombrero bombín se niega a salir de su cabeza. EL MAESTRO EN ESCENA BIP TAMBIÉN DE ESTRENO 1998 EL ÚLTIMO MITO VIVIENTE DEL SIGLO Con muchos proyectos y abundante trabajo transcurren los últimos meses de 1998. El formidable mimo francés, acaba de estrenar mundialmente su más reciente trabajo. En Munich, y luego con una gira por Alemania, que incluye Frankfurt, Berlín, Stuttgart y Colonia, pondrá en escena su obra "CHAPEAU MELON", en la que Marcel es el autor del libro y Director del elenco de su Compañía de Mimodrama integrada por catorce mimos. Será una suerte de ensayo general extra-frontera, para luego si abordar lo que él llama su gran prueba de fuego para el público francés, ya que se instalará con "Chapeau Melón" y su Compañía en el Space Cardin de París, durante los meses de noviembre y diciembre. Con esta misma obra realizará la próxima gira por Estados Unidos y algunos países centro y sudamericanos. En la segunda quincena de abril, luego de recorrer más de 20 ciudades de Estados Unidos, pasará a México, Guatemala, Costa Rica, Salvador, Nicaragua, Panamá, República Dominicana y San Juan de Puerto Rico. Gira organizada y producida por Contemporánea Producción Artística. Para 1999 se prevé presentar "Chapeau Melón" en Venezuela, Brasil, Chile y Argentina. Las instituciones, teatros, fundaciones, productores y empresarios que quieran programar a Marcel Marceau y su nuevo éxito teatral "Chapeau Melón", deberán dirigirse a nuestras oficinas para reservar fechas y conocer las condiciones de contratación. GIRA LATINOAMERICANA 1998 14/7/98 París / Santiago de Chile
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